Curioso es lo que ciertas cosas pueden evocarnos, aromas, visiones, sonidos, cualquier elemento puede traer a nuestra mente un sin fin de recuerdos vagos o precisos de eventos pasados, de nuestra infancia sobretodo o no tan lejanos. El día de hoy mi madre dijo que quería plantar en su extenso jardín más plantas, aclaro que mi madre tiene una extraña fascinación por las plantas, cualesquiera sea su tipo, así que es de notarse que su casa esta llena de macetas, macetitas y macetones; y que, cualquier espacio de tierra virgen es digno de ser conquistado, de ser poblado por cualquier plantilla por silvestre que sea. Así que no fue de extrañarnos su comentario, ya la veíamos convencernos de ir en caravana al invernadero a comprar y poco opinar sobre el asunto, el fin sería llegar con el auto abarrotado de flores, hierbas y pasto, unos cuantos costales de tierra de hoja, ¡claro cualquier otra no sirve!, y dispuestos a pasarnos varias horas al sol para llenar su hermoso y bien cuidado jardín de sus recientes adquisiciones.
Bien, mientras comíamos hacía una clara descripción de lo que compraría (la mesa del comedor tiene vista al jardín), señalaba los lugares en los que quería poner sus tesoros y toda la parafernalia que acompaña a tal empresa, codeando a mi padre hacía insinuaciones para que él se fijara y esquematizara las peticiones que ella hacía; esperaba de alguna manera que mi padre hiciera un croquis, aunque sea en una servilleta, mi padre sabiamente se hizo el occiso y solo asentía entre bocado y bocado, poniendo atención, pero no demasiada.
De pronto a mi madre se le ocurre la fabulosa idea -voy a plantar hortensias-, mi hermana jubilosa apoya lo genial de la propuesta y mi padre... sí mi padre que pareciera que no oía nada hace tremenda cara de desaprobación y apunta -hortensias no, me dan nostalgia-. Nos quedamos de un palmo ante tal comentario. ¿Nostalgia? ¿Por qué? Mi padre nunca habla de su infancia, de sus historias, por lo menos no es tan detallado, solo nos cuenta las cosas a cachos, como van saliendo sin sentimentalismos. No dice más.
Después de la comida me siento con él en la sala y comienzo sutilmente a cuestionar el extraño sentimiento que las hortensias le despiertan, ¿por qué no le gustarán? Comienza contándome que vivió en unos departamentos en la calle de Durango, junto con su hermano menor cuando el tenía apenas 3 o 4 años, era una especie de vecindad con un patio central en el que solían jugar, los edificios estaban a un lado y que ellos vivían en la planta baja así que también tenían patio trasero, que mi abuela los llevaba caminando a Chapultepec los domingos para que jugaran un rato. Se queda pensativo y me comenta que después de unos años volvió a esa calle a ver si todavía estaba de pie el lugar donde vivió apenas unos años. Nostalgia, voy entendiendo.
A los 5 años llegó a la que fue su casa por el resto de sus años de soltería, su niñez y adolescencia, parte de su juventud, una casa grande en la colonia Educación al sur de la ciudad; una casa rodeada por terrenos baldíos, milpas en realidad, pocas casas estaban en esos lugares y se podía mirar de lado a lado sin que nada interrumpiera la vista, decía, un patio grande al frente y otro detrás, sin rejas, sin vecinos, solo unos cuantos niños de la cuadra, dos hermanos, tres perros, una tortuga y una calle grandota para jugar.
Hortensias en el patio de mi abuela dice mi padre, hortensias moradas, enormes que de tan grandes no dejaban pasar la luz y el pasto debajo de ellas moría, -me caían gordas- menciona, -no me gustaban porque ocupaban el patio y no podíamos jugar-, mi abuela siempre pendiente de sus flores, ya la imagino cuidándolas, podándolas y tres niños endemoniados con una pelota deshaciendo los ramos que floreaban. -Siempre hubo hortensias, llenaban la casa, no me gustaban-, ahora entiendo la nostalgia, no le gustaban, pero no son las hortensias son los recuerdos de su niñez, de el lugar donde creció, vivió, jugó y peleó con sus hermanos, lugar que tuvo que dejar cuando se casó y formó su propia familia, las hortensias pertenecen a mi abuela, a esa casa donde creció.
Del tema no se habló más, mi madre acabó rentando una película ante la negativa de plantar cualquier cosa en su jardín, fue más la negativa a la odisea que eso implicaba, finalmente mi padre cerró el capítulo -hortensias no, me dan nostalgia-.